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El escultor Gregorio Fernández (1576-1636)

Gregorio Fernández nació en Sarria (Lugo) en 1576. Se cree que su padre fue un entallador que estuvo empadronado en el pueblo por aquellos años. Poco se sabe de la formación escultórica de Fernández en Galicia. Se considera que aprendió el oficio en Ourense, uno de los dos focos escultóricos gallegos de la época, junto a Santiago de Compostela. Entre 1600 y 1601, con unos veinticuatro años de edad, se trasladó a Valladolid, donde por entonces residía la corte de los reyes de España, circunstancia que estimulaba la producción artística en la ciudad, convirtiéndola en un influyente centro de creación de escultura religiosa.

Gregorio Fernández

Retrato de Gregorio Fernández (Diego Valentín Díaz, ca. 1630), Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

La representación de la Pasión en pasos procesionales durante la Semana Santa de Valladolid empezó en el siglo XV y alcanzó el máximo esplendor durante el siglo XVII, época barroca con estética e ideas muy en consonancia con el espectáculo teatral de las procesiones. En un principio las figuras de los pasos eran de cartón piedra y se llamaban “papelones”, considerándose un tipo de arte de segunda categoría. Los papelones, al ser de poco peso, permitían sacar a la calle conjuntos de gran tamaño  formados por muchas figuras, pero tenían el problema de que no eran duraderos, debían estar constantemente reparándose y su calidad artística dejaba mucho que desear.

En 1604 la Cofradía de Nuestra Señora de la Pasión le encargó al escultor Francisco del Rincón (1567-1608) el conjunto de la Elevación de la Cruz, actualmente en el Museo Nacional de Escultura, obra pionera al ser el primer paso procesional ejecutado en madera policromada. La obra tuvo tal éxito que, a partir de entonces, las cofradías comenzaron a abandonar los papelones y sustituirlos por esculturas de madera, pasando este tipo de arte a considerarse como de primera categoría y convirtiendo a Rincón en el escultor más prestigioso de la ciudad.

Francisco rincón escultura cristo

“Elevación de la Cruz”, Francisco del Rincón, 1604. MNE, Valladolid.

A su llegada a Valladolid, Gregorio Fernández entró a trabajar en el taller de Rincón, estableciéndose entre los dos artistas una colaboración tan estrecha, que se cree que Rincón fue el que introdujo a Fernández en la Corte de Felipe III y el Duque de Lerma. En 1605 el escultor gallego abrió su propio taller en la ciudad, que acabó convirtiéndose en una verdadera factoría de imágenes, en la que él era el maestro de un ejercito de escultores, pintores, policromadores, doradores y ensambladores.

Siempre confesó su admiración e inspiración por la obra de Juan de Juni (1506-1577), artista de obras religiosas apasionadas y de gran intensidad, considerado como el padre de la escultura barroca española. Hasta el punto de que en 1615 compró la casa y el estudio donde había vivido el escultor y, junto con unas casas contiguas a los mismos, instaló allí su taller, que funcionaba como una empresa comercial: Primero el escultor firmaba los contratos y diseñaba las esculturas que le habían encargado, ya fuera con dibujos o con maquetas en cera o arcilla. Seguidamente, de acuerdo con dichos diseños, los oficiales desbastaban y esculpían las figuras, dejando la ejecución de la cabeza y las manos al escultor titular, siempre que los clientes no exigieran que la totalidad de la obra fuera realizada por el mismo.

San Pedro barroco Valladolid

San Pedro en Cátedra, Gregorio Fernández, ca.1630. MNE Valladolid

En el caso de los pasos procesionales, todos se realizaban previo contrato escrito en el que se especificaba con gran precisión la composición de la escena, el número de figuras y la historia narrada. Una vez el escultor acababa la obra, esta era revisada por peritos del arte que daban el visto bueno, o no, para que pudiera salir a la calle en procesión.

Del taller de Fernández salieron muchos retablos en los que trabajaban gran cantidad de artistas de diferentes disciplinas. Normalmente él solo ejecutaba la parte escultórica del retablo, con un estilo realista y de gran carga emocional y mística, como era habitual en su obra. En algunas ocasiones también se le contrataba para que tallara las figuras que iban a colocarse en retablos diseñados por otros artistas.

Los retablos de la época de Gregorio Fernández solían tener una estructura bastante sobria y estaban llenos de figuras. Él prefiría trabajar sin composiciones arquitectónicas novedosas, con escenas sencillas, y pocas figuras de gran tamaño, que destacaban con gestos ampulosos y teatrales sobre la estructura arquitectónica del conjunto.

Para la policromía de las obras colaboraban con Fernández varios pintores profesionales e independientes. Una vez pintadas, los trabajadores del taller añadían postizos como dientes de marfil, pelo humano, ojos de vidrio y uñas de cuerno de toro. Las heridas adquirían mayor realismo pegando trozos de corcho que luego se pintaban dando la sensación de costras y cicatrices. Respecto a las prendas de tela que vestían algunas figuras, se eliminaron elementos que aparentaran lujo y riqueza, como brocados y puntillas e intentaron imitar una tela de paño de color plano y uniformes, que a veces se decoraba pintando encima de ella cenefas, muestras o imitaciones de joyas y metales.

Gregorio Fernández fue una persona piadosa y profundamente religiosa. Pertenecía a varias cofradías religiosas y se basaba en textos de santos y de la misma Biblia para diseñar sus esculturas. Se sabe que antes de empezar una pieza se sometía a un período de ayuno y reflexión, de acuerdo con las enseñanzas de Ignacio de Loyola. Su obra está impregnada del misticismo y del espíritu de la Contrarreforma, llena de escenas dramáticas y teatrales, con figuras en posturas y gestos muy forzados, y una claridad muy estudiada para que la gente pudiera interpretar sin problemas el significado de la obra que estaba viendo.

Inmaculada logroño

Inmaculada Concepción, Gregorio Fernández, Santa María de la Redonda, Logroño

 

TIPOS Y MODELOS CREADOS:

Tuvo una aportación decisiva y muy prolífica en el arte de la escultura. Construyó gran cantidad de retablos y ejecutó multitud de imágenes. Trabajó estrechamente con las cofradías vallisoletanas en la ejecución de sus pasos procesionales y creó modelos escultóricos paradigmáticos del arte barroco, que fueron copiados hasta la saciedad por el resto de escultores de la península, entre ellos los siguientes:

  • El Cristo azotado con las manos atadas descansando sobre una columna baja, imitando a la supuesta original conservada en la Basílica de Santa Práxedes de Roma.
  • El Cristo yacente con la cabeza reposando en una almohada, esculpido en una misma pieza junto al lecho en el que descansa. Fernández talló al menos quince versiones del tema, representando al Cristo aislado, muerto y sin personajes acompañándolo. Recurrió a la máxima dramatización y patetismo posible, intentando transmitir un gran sentimiento de dolor en este modelo de obras.
  • La Dolorosa y la Piedad, representadas al pie de la cruz, sentadas con los brazos abiertos o sujetando el cuerpo del Cristo, sin tocarlo directamente, con un paño entre de los dos.
  • La Inmaculada Concepción, que es el tema mariano que más realiza. La representaba muy joven, como una quinceañera, con cabellos largos peinados con raya en medio y la melena cayendo sobre su espalda, cuerpo cilíndrico totalmente inmóvil y rígido, manto trapezoidal y simétrico, manos juntas delante del pecho en actitud de rezo, corona sobre su cabeza y aureola de rayos metálicos a su alrededor. Normalmente se acompañaba con las esculturas a sus pies del demonio en forma de dragón, de la Luna y, en algunas ocasiones, de un grupo de ángeles. Creó un prototipo de Inmaculada de gran influencia que será muy imitado en tierras castellanas y que no varia sustancialmente en las muchas versiones que tallará a lo largo de su vida.
  • Santa Teresa representada como escritora, con pluma y libro recibiendo la inspiración divina.

Su obra evolucionó desde un manierismo influenciado por los artistas italianos, sobre todo por Pompeio Leoni, hasta un estilo tremendamente personal de carácter radicalmente naturalista en las etapas finales de su vida.

Gozó de gran prestigio, recibiendo encargos de las personas e instituciones más importantes de la época y multitud de artistas de toda la península lo imitaban, porque su estilo era el que solicitaban todos los demandantes de obras escultóricas del momento.

En 1624 comenzó a sufrir recurrentes problemas de salud hasta su fallecimiento en Valladolid el 22 de enero de 1636. Su fama como artista era tal que por su muerte se oficiaron más de cien misas en la ciudad. Cuando aún estaba vivo, el rey Felipe IV dijo de él: “Muerto este hombre, no ha de haber en este mundo dinero con que pagar lo que dejare hecho”.

Civitates orbis terrarum

Vista de Valladolid, Braun y Hogenberg 1574, Civitates orbis terrarum.

 

OBRA ARTÍSTICA:

Uno de los primeros trabajos conocidos de Gregorio Fernández fue su colaboración en la decoración del Salón de Saraos del Palacio Real de Valladolid en 1605, actual e irreconocible Subinspección del Ejército de Tierra, donde, a las órdenes de Pompeio Leoni, participó en la ejecución de un templete erigido en el interior de la gran sala y dedicado a la Virtud.

Palacio Real Valladolid

Palacio Real Valladolid

Sus primeras obras documentadas fueron ejecutadas en el año 1606. San Martín y el Pobre (Museo Diocesano de Valladolid) fue el primer paso procesional que talló en Valladolid. Un conjunto pequeño tamaño (1,33 m.) hecho con líneas amables y suaves.

San Martín y el pobre, Gregorio Fernández, 1606, Museo Diocesano de Valladolid

Ese mismo año ejecutó algunas esculturas del retablo de la Iglesia de San Miguel de Valladolid , poseen una gran gestualidad manierista y deformaciones anatómicas para poder ser bien vistas desde el nivel del suelo.

San Gabriel barroco iglesia

San Gabriel, Gregorio Fernandez, 1606.Iglesia de Ssan Miguel, Valladolid.

Poco a poco comenzaron a multiplicarse los encargos para que esculpiera todo tipo de figuras religiosas, tanto de carácter independiente como formando parte de un retablo. Pasado el 1610 el volumen de trabajos era tal, que no tuvo más remedio que ampliar su taller, comprando una casa contigua y contratando más oficiales.

En las numerosas esculturas del retablo mayor de la Iglesia de los Santos Juanes de Nava del Rey (1611) comenzó a notarse su evolución hacia el realismo barroco. Sus figuras fueron ganando en dinamismo y movimiento, apareciendo por primera vez vestidas con ropajes angulosos y quebrados, diseñados para potenciar los efectos de la luz y las sombras sobre ellos.

El contacto de Gregorio Fernández tanto con artistas como con nobles, le dio acceso a sus colecciones de libros y grabados a través de los cuales conoció las obras y tendencias de arte europeas del momento. Su Arcángel Gabriel (1611), conservado en el Museo Diocesano de Valladolid, es una delicada talla que se sostiene con la punta del pie en un equilibrio casi acrobático. Aunque siempre se ha relacionado esta obra con la figura del Mercurio Volador de Juan de Bolonia (1565), la hipótesis más creíble es que Fernández se inspiró directamente en algún grabado de una escultura del mismo dios ejecutada en 1571 por el artista flamenco Jacques Jonghelinck, actualmente colocada en el salón del Trono del Palacio Real de Madrid y con la que guarda muchas más semejanzas que con la de Juan de Bolonia. Fernández esculpió al Arcángel totalmente desnudo y con una anatomía sin desarrollo muscular propia de un adolescente. Su postura casi imposible es característica del último Manierismo, con una composición en diagonal y movimientos danzarines. Así como los alargamientos antinaturales de su cuello y brazos y la expresión dulce de su cara.

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Arcángel Gabriel, Gregorio Fernández, 1606. Museo Diocesano de Valladolid

Su primer paso procesional fue Sed Tengo (1612-1616), expuesto en el Museo Nacional de Escultura. Representa la escena de la Pasión en la que un soldado le da de beber una esponja empapada con hiel y vinagre a Jesús crucificado. Se compone de varias figuras esculpidas en un tamaño mayor al de las que creaba Rincón. La composición es piramidal y muy atrevida, ya que se ideó para que fuera vista desde diferentes ángulos conforme iba avanzando por las calles en procesión, dando una gran sensación de movimiento. Además, sitúa una figura encaramada arriba de la cruz, por encima del Cristo, cosa que rompía con los cánones religiosos, ya que nadie podía estar en un nivel superior a él. Todo el conjunto tiene un aire muy teatral con las imágenes burlescas de los “sayones”, que es el nombre con el que se conoce a todas aquellas figuras secundarias que ayudan a componer la narración de los pasos procesionales, y que solían ser soldadesca, verdugos o truhanes, representados muy prototípicamente con gestos exagerados y rasgos grotescos.

Valladolid Semana Santa

En 1613 ejecuta las esculturas del retablo mayor del Monasterio de las Huelgas Reales de Valladolid, entre las que destaca el altorrelieve de Jesús desclavándose de la cruz para abrazar a San Bernardo, obra de gran intensidad emocional con un Jesús apoyándose con gran delicadeza en los hombros del Santo.

San Bernardo religión barroco

Retablo mayor. Iglesia del Monasterio de las Huelgas Reales (Valladolid)

También alrededor de 1613 realiza el Santo Ecce-Homo conservado en el Museo Diocesano de Valladolid, una talla de cuerpo entero, a tamaño natural y con una magnífica anatomía. Se trata de un “desnudo blando”, esbelto y manierista, con una fuerte inspiración clásica, en la que la pose relajada y suave del Cristo, con los brazos cruzados en el pecho, las piernas en contraposto y la espalda levemente arqueada recuerdan al modelo de la Venus Capitolina.

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Ecce Homo, Gregorrio Fernández, 1613. Museo Diocesano de Valladolid

 

jesucristo anatomía

Ecce Homo, Gregorrio Fernández, 1613. Museo Diocesano de Valladolid

En 1614 realiza el paso de El Camino del Calvario, también en el Museo Nacional de Escultura, que representa dos momentos del Vía Crucis fusionados en una misma obra: el Cireneo ayudando a llevar la cruz y la Verónica ofreciéndole el paño a Jesús. Está compuesto de cinco esculturas sin ninguna disposición geométrica, colocadas en función de las historias que se están narrando. En este paso ya se reconocen características propias de Fernández, como el diferente tratamiento entre las figuras que ayudan a Jesús, ejecutadas con gran delicadeza, en contraposición a las figuras que están ofendiéndolo, los sayones de rasgos caricaturescos. También destaca el naturalismo en las anatomías y la sensación de movimiento y dinamismo de todo el conjunto.

Curiosamente, se ssabe que la figura de Cristo a cuestas con la cruz no es la original y que el paso estaba presidido por un Nazareno de pie y vestido con telas. Lo que no se conoce con certeza es si la figura actual es de Fernández.

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Camino del Calvario, Gregorio Fernández, 1614. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

 

Veronica escultura barroca

Camino del Calvario, Gregorio Fernández, 1614. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

 

Se cree que el Cristo Yacente del Pardo es una escultura votiva encargada entre 1614 y 1615 por el rey Felipe III como acción de gracias por el nacimiento de su primer hijo varón, el futuro Felipe IV. Está expuesta en la iglesia del Convento de los Padres Capuchinos de El Pardo (Madrid). Es una figura concebida para ser contemplada solo lateralmente, por lo que está inclinada hacía la derecha, con el tronco y una pierna ligeramente levantados hacia ese lado. No hay rastro de rigidez en el cuerpo, si no que yace relajadamente sobre un sudario. La muerte se manifiesta en las heridas del cuerpo magistralemente representadas.

Madrid el pardo Cristo yacente

Cristo Yacente, Gregorio Fernández,ca.1614-1615, Convento de Capuchinos del Pardo (Madrid)

 

El San Sebastián (1615-1620) expuesto en el Museo Nacional de Escultura nos muestra al santo, a tamaño natural, atado en un tronco en el momento de ser asaeteado hasta morir. La postura de la figura, a pesar del tormento que sufre, es reposada y suave, sin rastro de la teatralidad barroca. Solo la cara del santo expresa dolor. Su anatomía es bella y equilibrada y está muy poco manchada por la sangre de las flechas, por lo que la evidencia del tormento no es muy notoria. El árbol en el que se apoya está tallado de una forma muy naturalista y se bifurca en varias ramas dando un toque paisajístico a la obra.

San sebastian Museo Nacional Escultura

San Sebastián, Gregorio Fernández, 1615-1620. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

En 1616 ejecuta para la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de las Angustias de Valladolid, el paso de La Sexta Angustia, actualmente en el Museo Nacional de Escultura. En él introdujo el prototipo de representación de la Piedad, una imagen de María sujetando el cuerpo muerto de Cristo en su regazo, pero sin tocarlo directamente. La virgen eleva el brazo y la cabeza hacia el cielo, un gesto muy teatral que se convertirá en arquetípico de la imaginería barroca y el Cristo está esculpido con una magnífica anatomía y un color cerúleo propio de un cadáver con rigor mortis. El conjunto es asimétrico, la virgen está en un lado y el cuerpo de Jesús reposa sobre una base rocosa, rompiendo con la concepción renacentista triangular de las Pietà italianas, como la de Miguel Ángel. A partir de esta obra, el naturalismo exacerbado comienza a ser una constante en el estilo de Fernández.

El paso se completaba con una María Magdalena y un San Juan que aún permanecen en la iglesia de Nuestra Señora de las Angustias, por lo que el conjunto completo debió ser de los más monumentales de la Semana Santa.

Sexta angustia Piedad

La Sexta angustia, Gregorio Fernández, 1616. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

 

Virgen María Jesús catolico

La Sexta angustia, Gregorio Fernández, 1616. Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

En 1619 talla para la Cofradía de la Vera Cruz de Valladolid, El Señor Atado a la Columna, una de sus grandes obras maestras y pieza cumbre de la imagineria española de todos los tiempos. Fernández crea con ello otro modelo a seguir que sería imitado hasta la saciedad. Actualmente se encuentra en la Iglesia Penitencial de la Santa Veracruz de Valladolid. Es una imagen a tamaño natural con una anatomía perfecta y un gran realismo en la representación de las heridas y llagas de la espalda. Su pose es serena, y sus gestos suaves a pesar de la crudeza del momento. Se trata de uno de los últimos ejemplos del clasicismo manierista, a las puertas ya de la entrada en el período barroco.

Se cree que formaba parte de un paso procesional compuesto por unas siete figuras representando el azotamiento, aunque acabó desfilando en solitario, seguramente por su excelencia y prestigio artístico. La columna actual no es la original. Aquella seguía el modelo troncocónico de la conservada en Santa Práxedes de Roma.

manierismo España Castilla

El Señor Atado a la Columna, Gregorio Fernández, 1619. Iglesia de la Santa Vera Cruz (Valladolid).

 

En 1623 ejecuta para la misma cofradía de la Vera Cruz el paso El Descendimiento de Cristo Nuestro Señor de la Cruz, obra de gran monumentalidad, con una composición en diagonal, muy barroca, con dos focos, el Cristo arriba en la cruz y la Virgen sentada abajo, en el otro extremo del paso, con los brazos en alto, rompiendo con la narración del Nuevo Testamento en función de una puesta en escena más emocional. El resto de esculturas están concebidas para enfatizar la diagonal Virgen-Cristo. Los detalles y el tratamiento de las telas son muy meticulosos y realistas.

El Descendimiento de Cristo Nuestro Señor de la Cruz. Gregorio Fernández, 1623. Iglesia de la Vera Cruz, Valladolid.

 

Descendimiento barroco

El Descendimiento de Cristo Nuestro Señor de la Cruz. Gregorio Fernández, 1623. Iglesia de la Vera Cruz, Valladolid.

 

Otra gran obra maestra suya es el relieve del Bautismo de Cristo realizado entre 1624 y 1628 para el retablo del Convento de Carmelitas Descalzos de Nuestra Señora del Consuelo en Valladolid y que hoy se conserva en el Museo Nacional de Escultura. En el mismo, adelanta al primer plano las figuras de San Juan Bautista y de Jesús, casi exentas, y las sitúa sobre un fondo sin ningún elemento innecesario que distraiga la escena. La obra sigue los postulados de la Contrarreforma, Jesús ya no ocupa el lugar central de la composición y está arrodillado con un gesto de humildad frente a San Juan. Los dos personajes tienen una pose contenida y elegante. Sus cuerpos son esbeltos. El naturalismo de la anatomía de las figuras es tan grande que se representan minuciosamente las venas debajo de la piel, los tendones y los resaltes musculares que son más mórbidos en la figura de Jesús y más tensionados en la de San Juan, al que se supone más nervioso. la talla de sus cabellos es prodigiosa, así como sus ropajes pesados y angulosos. El fondo representa muy esquemáticamente un paisaje con el rio Jordán en su parte inferior y una escena de la gloria del cielo, con Dios y el Espíritu Santo contemplando el bautismo rodeados de ángeles.

bautismo san juan escultura

Bautismo de Cristo, Gregorio Fernández, 1624-1628. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

 

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Bautismo de Cristo, Gregorio Fernández, 1624-1628. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

 

Entre 1624 y 1632 ejecutó el monumental retablo mayor de la Iglesia de San Miguel Arcángel de Vitoria, inspirado en el del Monasterio del Escorial y presidido por una de sus características y modélicas Purísimas. Todo el programa del retablo está basado en los ideales trentinos, con figuras de un estilo muy naturalista y los gestos teatrales y ampulosos propios del barroco. Todo tiene un detallismo minucioso, las barbas y cabellos esculpidos son excepcionales y las expresiones de los rostros consiguen transmitir sus sentimientos al espectador. La Inmaculada Concepción colocada en el centro del altar está considerada una de las mejores del escultor, y las esculturas de San pedro y San Miguel son dinámicas y llenas de expresividad. Finalmente, los relieves del retablo, algunos casi de bulto redondo, están inspirados en grabados y estampas de Durero, los Hermanos Wiericx o Cornelio Cort.

Vitoria Gasteiz iglesia Euskadi retablo

Retablo de la Iglesia de San Miguel, Gregorio Fernández, 1624-1632. Vitoria-Gasteiz

 

La figura de Santa Teresa encargada para el Convento del Carmen de Valladolid y hoy en el Museo Nacional de Escultura, se sabe que ya existía con certeza en el año 1625, aunque podría ser un poco anterior. Se trata de una de las muchas figuras que se tallaron de la santa a partir de su canonización en 1614. En este caso, el artista vuelve a crear un modelo que será repetido a lo largo de los siglos, el de la santa escritora, con pluma y libro, recibiendo la inspiración divina. Nos muestra una mujer idealizada, nada que ver con la dura vida que en realidad había llevado la mujer, viajera incansable que tuvo que luchar intelectualmente contra las altas instituciones de la iglesia y al mismo tiempo cuadrar cuentas, pagos e ingresos de su institución.

Las vestimentas están policromadas con una bella cenefa que convierte en lujoso el parco manto carmelita, olvidando las enseñanzas teresianas de pobreza y humildad. Dicho manto está dispuesto asimétricamente, colgando en la parte derecha y sujeto al hábito en la izquierda, recurso que dota de más movimiento a la escena. Se representa en el preciso momento de una revelación divina, con su rostro casi en éxtasis, captándola con una pose de inmensa sorpresa, mirando hacia arriba como si fuera a caerle el libro de las manos. Dicho libro está magistralmente ejecutado, parece de verdad, y en él está escrito el nombre de su confesor, Pedro de Alcántara.

Santa Teresa Contrarreforma escultura

Santa Teresa, Gregorio Fernández, 1624. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

 

Gregorio Fernández escultor

Santa Teresa, Gregorio Fernández, 1624. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

 

Otra obra maestra de la escultura es el Cristo Yacente realizado para la Iglesia de la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Madrid, actualmente expuesto en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, tallado entre 1625 y 1630. La figura es un hermoso desnudo, relajado después del sufrimiento al que ha sido expuesto, pulcramente cubierto con un paño de pureza, ejecutado con una policromía grisácea y mate, con el tono de piel propio de un muerto, manchado con la sangre seca que manaba de sus heridas, perfectamente representadas. La cabeza está ligeramente vuelta hacia la derecha, para facilitar la contemplación del rostro, de gran expresividad y patetismo, con la boca y los ojos inertes entreabiertos.

Parece que Fernández se recrea en un realismo morboso, sin llegar a lo macabo, acentuado con los postizos que añade a la talla (dientes de marfil, ojos de cristal, pestañas de pelo, corcho en las heridas y uñas de asta), que hace conmover al espectador. Nadie queda indiferente ante esta magna obra.

Crsto yacente Gregorio Fernandez

Cristo Yacente, Gregorio Fernández, ca.1627. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

 

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Cristo Yacente, Gregorio Fernández, ca.1627. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

Su torso está levemente incorporado sobre unos almohadones, lo que hace que su brazo repose por debajo de la caja torácica, pudiendo verse así la herida del costado. La figura ofrece un magnífico perfil de desnudo masculino, acentuado porque el paño no cubre totalmente la cadera del hombre, dejando esa parte a la vista, algo que hubiera podido resultar problemático en la época y que las autoridades aceptaron gracias a la majestad y el realismo que desprende la imagen. Con esta obra el artista convirtió al desnudo humano en divino.

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Cristo Yacente, Gregorio Fernández, ca.1627. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

 

El Cristo de San Benito el real (1630), conocido como Cristo de la Luz, fue un encargo del monasterio benedictino, que se exhibe actualmente en el Museo Nacional de Escultura. Está considerado como uno de los mejores y más sobrecogedores crucificados de Fernández. Con él intentó transmitir la sensación de que la muerte acababa de producirse. El rostro de Cristo es el de una persona muerta después de un gran sufrimiento. La cara está afilada y amoratada y sus ojos están hundidos. El cuerpo está desplomado, aguantándose solo con los manos clavadas, por lo que los brazos están tensionados por el peso. La anatomía del personaje ya no es musculosa y rotunda como en otras obras similares del escultor, ahora su vientre aparece hundido, su tórax es delgado y sus piernas esbeltas. Las heridas están representadas con gran verismo y la sangre abundante resbala desde ellas por todo el cuerpo. Para acentuar el dramatismo, Fernández usó todo tipo de postizos que le daban más realismo a la obra. El naturalismo es extremo en toda la figura excepto en su paño de pureza, que parece que está ondeando con el viento. Según se cree, Fernández quiso representar con dicho movimiento forzado la tempestad que, según los Evangelios, se desató después de la muerte de Cristo.

Cristo San Benito Valladolid Castilla

Cristo de San Benito el Real, Gregorio Fernández, 1630. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

 

Uno de sus últimos y más complejos trabajos fue el monumental retablo de la Catedral Nueva de Plasencia, ejecutado entre 1625 y 1634 y considerado uno de los mejores de España. La magnitud del proyecto y los retrasos en las entregas de las piezas por parte de Fernández, provocados por la acumulación de encargos unida a su ya precario estado de salud, provocaron que el cabildo ordenara la modificación del proyecto, por temor a que no pudiera ejecutarlo, sustituyendo algunos conjuntos escultóricos por cuatro grandes lienzos, lo que hizo disminuir el trabajo de Fernández.

Aún así, el equilibro y armonía entre arquitectura, pintura y escultura es magistral. Es una obra en la que los movimientos de las esculturas son bruscos y remiten a la iconografía de la Pasión de Cristo y en algunas partes del retablo rebasan, con gran modernidad, el marco arquitectónico donde deberían estar enmarcadas. Fernández creó un espacio barroco muy complejo y totalmente impregnado de las ideas de la Contrarreforma, cuyo objetivo era destacar la importancia histórica de la Iglesia Católica, situando en su centro a la que se consideraba el origen de la Fe: laVirgn María rodeada de sus padres.

Retablo de la catedral nueva de Plasencia, varios artistas, 1624.

 

Inmaculada concepción Plasencia Gregorio Fernández

Inmaculada del Retablo de la catedral nueva de Plasencia, Gregorio Fernández, 1624.

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Actualmente es imposible deslindar el trabajo de Gregorio Fernández del de los escultores colaboradores en su taller. Su influjo fue tan grande en los artistas, que actualmente hay mucha obras en las que es complicado descubrir su autoría original, además en muchos casos la documentación no se ha conservado, por lo que la autoría se ha hecho por comparación con otras obras.  Llegar a la conclusión de que una escultura es obra de Fernández es todo un acontecimiento tanto para el mundo del arte como para la institución que la alberga.

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Ángeles heraldos, Gregorio Fernández, 1622. Museo Nacional de Escultura de Valladolid

La Plaza Mayor en España

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Las ciudades españolas de la época de los Austrias continuaban teniendo todos los defectos de las ciudades medievales: calles estrechas, callejones sin salida, plazuelas, viviendas sucias e insanas, palacios mediocres, ausencia de comodidad, accesos difíciles, falta de higiene y canalización de aguas fecales y desperdicios, barros y lodos en las calzadas y escasez de altura en los edificios. La Casa de Austria no cambió nada de esto, exceptuando la publicación de algunas ordenanzas para mejorar la salud pública que no se cumplieron en casi ninguna ciudad. Sin embargo, si que se preocupó de dotar a las ciudades más importantes o comerciales de un recinto público, amplio y recogido al mismo tiempo, donde mostrar al pueblo las exhibiciones de la realeza: las Plazas Mayores, consistentes en espacios urbanos donde se celebraban toda clase de eventos de cara al pueblo, que servían de paseo y punto de reunión ciudadana en los días normales, que en la sede de la corte eran los menos, porque algunos monarcas, en particular Felipe III y Felipe IV, celebraban fiestas continuamente, como propaganda y mayor gloria suya.

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Los gastos de la Corte en festejos eran fabulosos y supusieron uno de los problemas más importantes para los validos, bien para mesurarlas, debido al enorme déficit del erario público, o bien para fomentarlas, con el fin de distraer a la plebe y tapar los serios asuntos del gobierno de la Nación. La Plaza Mayor aparte de ser Plaza de Armas y Plaza del Mercado, también se convirtió en el escenario público de todo tipo de representaciones festivas, así como ajusticiamientos de condenados a la hoguera u horca y autos de fe de la Inquisición.

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En ellas se celebraban procesiones religiosas, desfiles reales, torneos y todo tipo de juegos. También acogían los espectáculos taurinos  antes de que comenzaran a usarse las plazas de toros en el siglo XIX. De hecho, en el siglo XVI todas las plazas mayores sirvieron para espectáculos de toros, y en algunas de ellas, como la de Peñafiel o Chinchón, esa costumbre ha llegado hasta nuestros días.

Debido a su vocación de plaza para espectáculos comenzaron a aparecer en ellas balcones volados para que los ricos pudieran contemplar mejor las fiestas desde ellos. El balcón municipal se desarrolló más que el resto y también se idearon miradores privilegiados para la alta nobleza y la familia real.

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La Plaza Mayor se reguló y ordenó urbanisticamente a partir del siglo XVI, pero tiene unos orígenes anteriores e inciertos. Hay que pensar que durante toda la historia, el hombre ha intentado racionalizar el espacio de las ciudades y mejorarlas estética y funcionalmente. Este tipo de plazas podrían ser perfectamente las herederas del ágora griega, del foro romano, de los diferentes tipos de plazas medievales de algunas ciudades europeas o de los modelos renacentistas de “ciudad ideal”,  trazada de forma regular y cuadriculada, en los que la plaza ocupaba el lugar más central y protegido de la ciudad.

Aún así, hay dudas razonables de que las plazas mayores españolas estén directamente inspiradas en los modelos citados, ya que cuando comenzaron a crearse no se conocían muy bien las fórmulas urbanísticas clásicas. No hay ningún dato en el proceso de creación de este tipo de  plazas que haga referencia a esos hipotéticos modelos, si bien algunas de sus funciones fueran similares. Hay que añadir también su carácter residencial, con fachadas respondendiendo a un modelo de arquitectura doméstica muy lejana de los espacios clásicos griegos o romanos.

Existen antecedentes de las típicas plazas mayores rectangulares y porticadas en los nuevos asentamientos fundados por los conquistadores en Canarias y en Nuevo Mundo que respondían a los modelos urbanísticos de la ciudad ideal renacentista, basados en la higiene, la salubridad, la defensa y el confort de sus habitantes. Un claro ejemplo es la Plaza Mayor de Santa Ana en Las Palmas de Gran Canaria, construida entre 1512 y 1518, qe sirvió de modelo a otras grandes plazas del Nuevo Mundo, en las que se ubicaban siempre los principales edificios de la ciudad, convirtiéndose en el lugar más representativo y también el más protegido, al ocupar el centro del asentamiento, que era el punto más lejano de las murallas defensivas.

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La Plaza Mayor española solía ser rectangular, con casas uniformes alrededor semejando una construcción unitaria y corrida. Eran porticadas y, en algunos casos, en su centro se situaba una estatua ecuestre del rey o de algún personaje famoso. Una serie de arcos situados en las esquinas o ángulos las conectaban con las calles principales de la ciudad.

La mayoría de veces el Ayuntamiento presidía un lienzo de la plaza, erigiendose como fachada principal de la misma, más lujosa y decorada que el resto de edificios que la conformaban. Esto era lógico si se tiene en cuenta que la Plaza era el núcleo más activo de la ciudad, lugar de mercaderes, artesanos o banqueros, creándose a su alrededor dependencias municipales como la alhóndiga, la cárcel o la escribanía.

Esta presencia de la Casa Consistorial en el lugar más importante de la ciudad venía de una disposición de los Reyes Católicos dictada para dar prestancia al lugar de reunión de los Consejos locales y la única Plaza Mayor que no la cumplió nunca fue la de Madrid, donde el lugar del Ayuntamiento lo ocupaba la Real Casa de la Panadería, con una imponente fachada y un mirador enorme para uso y disfrute de la familia real durante los festejos que se desarrollaban en la plaza.

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Después de la construcción de la de Valladolid en 1561, pronto el resto de ciudades y pueblos importantes comenzaron a edificar su Plaza Mayor. Casi todas las plazas de los pueblos de la actual España suelen ser ya del siglo XVIII o incluso más tardías, ya que se calcula que el modelo tardó unos cincuenta años en consolidarse en otras regiones. Las últimas se edificaron en el siglo XIX en Bilbao y San Sebastián ya en estilo neoclásico y bajo el reinado de Fernando VII, pero, aunque mantienen las formas de la plaza tradicional, sus usos irán diluyéndose poco a poco en otros más actuales, relacionados con el paseo y el ocio de los ciudadanos. Así, la Plaza Mayor acabó convirtiéndose en una simple plaza porticada, regular y proporcionada pero despojada de las funciones y representaciones que la caracterizaron en sus orígenes.

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Las Plazas Mayores más importantes y por orden cronológico de edificación son las siguientes:

 PLAZA MAYOR DE VALLADOLID (1561):

A mediados del siglo XIII el mercado se trasladó desde una plazoleta en el centro de la villa al espacio que hoy en día ocupa la Plaza Mayor de Valladolid. Es a partir de entonces cuando ese espacio comenzó a cobrar importancia en la actividad y el gobierno de la ciudad, situándose poco a poco alrededor de ella los edificios más importantes, incluido el Ayuntamiento.

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En el año 1561 la plaza quedó arrasada por un incendio que duró tres días enteros, destruyendo más de cuatrocientas casas. Fue entonces cuando el Concejo solicitó ayuda a Felipe II para la construcción de una nueva plaza, que accedió a cambio del compromiso de que se rediseñara una ciudad de nueva traza con calles rectilíneas. Finalmente, tras una serie de reuniones, se aprobó el proyecto presentado por el arquitecto Francisco de Salamanca, empezándose a construir ese mismo año.

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La plaza de planta rectangular, es una de las más grandes de España, con unas dimensiones de 120 metros de largo por 80 metros de ancho. Está completamente porticada y sus soportales descansan sobre pilares cuadrados de granito. Es de tipo abierto: las calles desembocan en ella sin obstáculos ni pantallas y está rodeada por pequeñas calles gremiales, porticadas también como la misma plaza, que recuerdan el pasado mercantil del entorno.

En su origen las viviendas tenían una altura de tres pisos, con huecos jerarquizados: la primera planta con balcones, la segunda antepechos y la tercera ventanas. En el flanco norte se encontraba el Ayuntamiento de la ciudad, construido en 1562 en el estilo austero característico de la época de los Austrias. En 1879 fue derribado debido a su lamentable estado de conservación y sustituido por el actual, que se inauguró, después de muchas vicisitudes, en 1908.

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Actualmente se ha querido dar cierta homogeneidad a la Plaza pintando todas las fachadas de rojo, aunque no hay constancia histórica de que hubiera estado así en el pasado. La de Valladolid fue la primera de las Plazas Mayores de España convirtiéndose en el modelo a seguir por todas las demás.

 PLAZA DE ZOCODOVER, TOLEDO (1589):

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La palabra zocodover es de origen árabe y significa “mercado de bestias de carga”, refiriéndose a la actividad que se realizaba en aquel espacio de la ciudad.

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Durante toda su existencia hubo varios intentos de cambiarla, pero la reforma definitiva vino después de que quedara arrasada por un incendio en 1589. Fue entonces cuando, por mandato de Felipe II, Juan de Herrera, el arquitecto de El Escorial, empezó a planificar una nueva plaza según el modelo tradicional rectangular, sin embargo, se encontró con la oposición del Cabildo Catedralicio que no permitió la reforma porque perjudicaba los intereses inmobiliarios que tenía allí, así que el resultado de la plaza toledana fue una especie de pentágono irregular que le da un toque muy personal. Dicha oposición eclesiástica provocó que la obra de Herrera solo se pueda reconocer en dos de los lados de la Plaza. Actualmente conserva los pilares de los soportales y la proporción y ritmo de los huecos de las fachadas.

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 PLAZA MAYOR DE MADRID (1590 – 1619):

Empezó a cimentarse sobre el solar de la antigua Plaza del Arrabal, donde se encontraba el mercado más popular de la villa en el siglo XVI.

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En el año 1561 se trasladó la Corte a Madrid y en 1580 Felipe II encargó a Juan de Herrera el proyecto de remodelación de la vieja plaza. El primer edificio levantado fue la Real Casa de la Panadería, en 1590 y todo el proyecto fue concluido por el arquitecto Juan Gómez de Mora en 1619, bajo el reinado ya de Felipe III. Desde sus inicios se convirtió en el lugar del mercado principal de la Villa, tanto de alimentación como de otros productos y también en el escenario de numerosos actos públicos.

Hay 237 balcones que dan a la plaza y su uso no era exclusivo de los inquilinos, sino que tenían una servidumbre que obligaba a cederlos para su distribución por la Mayordomía Real por riguroso turno de jerarquía y etiqueta, o bien para ser vendidos como localidades por el Consejo en los numerosos eventos que se celebraban.

A lo largo de su historia la plaza sufrió tres grandes incendios. Después del último, en 1790, fue reconstruida por Juan de Villanueva, que rebajó la altura de los edificios circundantes de cinco a tres plantas y cerró las esquinas de la plaza, habilitando grandes arcadas para su acceso, dándole la fisonomía actual, consistente en una plaza porticada de planta rectangular, de 129 metros de largo por 94 metros de ancho, que está completamente cerrada por edificios de viviendas de tres plantas. Dispone de diez accesos: seis de ellos a través de grandes arcos que se abren a sus correspondientes calles, tres que no coinciden con ningún arco y el acceso más famoso, el Arco de Cuchilleros, que no es visible desde el interior de la plaza. Como curiosidad existen dos arcos construidos pero sin salida alguna. En el centro del lado norte se levanta la Casa de la Panadería y justo enfrente, la Casa de la Carnicería. Todo el perímetro de la plaza está rodeado por soportales con pilares cuadrados de granito.

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La estatua ecuestre de Felipe III situada en el centro de la plaza es una obra de Juan de Bolonia del año 1616, que fue trasladada en 1848 desde su emplazamiento original en la Casa de Campo, bajo el reinado de Isabel II, cuando la Plaza perdió su función de lugar de espectáculos, convirtiendose su espacio central en un jardín francés.

Desde 1989 toda la plaza está pintada uniformemente de almagre, un óxido de hierro que le da una tonalidad encarnada, excepto la fachada de la casa de la Panadería, decorada con pinturas de Carlos Franco, realizadas en 1992.

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Catas selectivas en lugares recónditos de la plaza intentaron descubrir sus colores primigenios, entre los que figuraron el blanco con recercados de tierra sevillana, los amarillos napolitanos, muy barrocos, así como distintos ocres, sienas y terracotas. Las techumbres actuales datan de los años 60 y son de pizarra negra con mucha pendiente pero en su origen fueron de teja árabe y más planas.

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PLAZA MAYOR DE ALMAGRO (Primera mitad de siglo XVI):

Originalmente la plaza se construyó a finales del siglo XIII, cuando Enrique II de Castilla (1333/4-1379) concedió a Almagro la celebración de dos ferias, pero sería durante el siglo XVI cuando sufriría una gran transformación coincidiendo con la llegada a la ciudad de la familia Fúcar (castellanización del apellido flamenco Fugger), una saga de banqueros que financiaron la elección de Carlos I de España como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico a cambio de las rentas del Maestrazgo, la plata de Guadalcanal, en Sevilla, y el mercurio de Almadén. Fue entonces cuando se construyeron los nuevos edificios con las galerías acristaladas de clara influencia flamenca y la plaza adoptó la fisonomía que podemos disfrutar actualmente.

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Es una de las Plazas Mayores más singulares de España, su planta es alargada e irregular, de 104 metros de largo por 37 metros de ancho aproximadamente y presenta largos pórticos corridos en sus lados mayores, con un total de 85 columnas de orden toscano sobre la que descansan gresas zapatas y vigas de madera que sirven de apoyo a los dos pisos superiores que conforman las viviendas, construidas con materiales modestos y cuyas fachadas continuas de ventanales acristalados dotan de gran uniformidad al conjunto, convirtiéndolo en un caso excepcional dentro de la arquitectura castellana.

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Estas galerías servían de tribunas para actos públicos, festivos y religiosos, como las famosas corridas de toros que se realizaron hasta 1785, año en que fueron prohibidas por Carlos III. A ellas se accedía por dos escaleras situadas en calles adyacentes y por algunas pequeñas puertas de los soportales. Sobre las galerías, sencillos canecillos soportan el alero, y en el tejado, cubierto con teja árabe, se levantan buhardillas y chimeneas encaladas y algunas veletas de hierro.

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En uno de sus lados menores de la plaza se sitúa el edificio del Ayuntamiento, muy restaurado, junto con alguna casona noble también restaurada, pero una de las joyas indiscutibles que guarda el conjunto es el Corral de Comedias, ubicado en el antiguo mesón de la plaza, que es el único teatro del Siglo de Oro que se conserva actualmente en España, construido a finales del siglo XVI o principios del XVII con un interior de vigas y zapatas pintadas de almagre que destacan sobre la cal blanca de las paredes.

Gracias a una magnífica restauración efectuada entre 1960 y 1967 la Plaza Mayor de Almagro se muestra con una imagen muy similar a la que tendría originalmente en el siglo XVI.

PLAZA MAYOR DE TEMBLEQUE (ca. 1624)

Esta plaza es uno de los mejores exponentes del barroco popular castellano. Se diseñó para cumplir una doble función, por un lado ser el centro de la vida de la población y por otro acoger festejos taurinos, por eso en lugar de construir las viviendas con balcones independientes, lo que hicieron fue incorporar dos pisos de corredores sostenidos por pilares de madera, fachadas encaladas y antepechos decorados con tallos vegetales y cruces de Malta, el emblema de la Orden de San Juan a la que pertenecía la villa. Se puede recorrer el perímetro entero de la plaza entera por los corredores. La parte inferior consta de una galería porticada sostenida por columnas toscanas de granito. Destaca el torreón, que en las celebraciones actuaba de palco para las autoridades.

Lo que pretendieron las autoridades fue una plaza homogénea donde asistir con comodidad a los espectáculos taurinos, y al mismo tiempo evitar así el costoso montaje de tendidos, como sucedía en las plazas no cerradas.

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En uno de sus lados está el Ayuntamiento, construido en 1654, un edificio de fachada lisa que rompe con el desarrollo de los corredores. El acceso principal a la plaza consiste en un torreón compuesto de tres pisos de galerías abiertas tanto al interior como al exterior del recinto.está cubierto por un voladizo coronado por un mirador a cuatro aguas.

La plaza, construída con materiales poco duraderos, ha sufrido mucho el paso del tiempo. En todo su flanco este han desaparecido los corredores, seguramente tras el incendio por parte de las tropas napoleónicas en el año 1809. La mayor parte de las columnas y pilares originales fueron sustituidos a finales del s XX por otros nuevos.

 PLAZA MAYOR DE LEÓN (1654)

Se erige en el lugar de uno de los primeros y más importantes mercados medievales creados a las afueras de la ciudad. Como parece ser que era habitual, la plaza se construyó a raíz de un incendio que arrasó toda la zona donde se encuentra situada. Fue diseñada por Francisco de la Lastra y tiene una ligera forma trapezoidal con pórticos y arcadas sobre pilares de piedra que soportan dos plantas de viviendas, la primera unida por un balcón corrido y la segunda con balcones independientes.

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Uno de los lados de la plaza lo ocupa el Edificio del Mirador, el elemento más barroco del conjunto, que aunque parezca un Ayuntamiento, su uso se limitaba a ser el de tribuna y balcón presidencial durante los festejos y celebraciones. Se construyó en una segunda fase de amplación de la plaza, entre 1672 y 1677. Se trata de un palacete flanqueado por dos torres coronadas por chapiteles. Solo tiene 5,30 metros de profundidad, lo que lo convierte en totalmente inútil para un uso administrativo. Su balcón continua siendo utilizado actualmente por las autoridades en algunas fiestas de la ciudad.

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PLAZA DE LA CORREDERA DE CÓRDOBA (1683)

Es la única Plaza Mayor cuadrangular de Andalucía. Se cree que está construida en el lugar que ocupaba el circo romano y se han encontrado importantes mosaicos en sucesivas intervenciones arqueológicas. Hasta el siglo XV el lugar fue una gran explanada extramuros de la Medina o ciudad alta cordobesa.

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Fue diseñada por el arquitecto Antonio Ramos Valdés. Se trata de un cuadrado semirregular de 113 metros de largo y 55 metros de ancho. Como no había suficientes fondos para construirla solo se edificaron las fachadas de las viviendas circundantes, sin nada detrás. Con el tiempo, el que quería una vivienda allí adquiría los metros de fachada que deseara, o pudiera, para abrir sus correspondientes balcones. A la plaza se accede a través de dos arcos, el Arco Alto y el Arco Bajo.

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La plaza no es totalmente uniforme, ya que se respetaron dos edificios anteriores a la fecha de su construcción, el antiguo Ayuntamiento y las llamadas “Casas de Doña Jacinta”, ambos del siglo XVI y que en aquel momento se consideraron lo suficientemente atractivos como para respetarlos.

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En 1893 se construyó en el centro de la plaza un mercado de abastos que fue demolido en 1959 debido a su estado lamentable y a sus condiciones insalubres. Al demolerlo fue cuando se encontraron los restos arqueológicos romanos citdos anteriormente, que se exhiben hoy en el Alcázar de los Reyes Católicos.

 PLAZA MAYOR DE SALAMANCA (1729)

Fue diseñada por el arquitecto Alberto de Churriguera. En el lugar donde se sitúa ya hubo una plaza anteriormente, llamada de San Martín por la iglesia que aún se conserva justo al lado. Esa primitiva plaza era casi cuatro veces más grande que la actual, pero a principios del siglo XVIII se decidió construir en ese espacio una plaza más armónica y moderna, al estilo de la Plaza Mayor de Madrid. Una vez terminada, la Plaza Mayor de Salamanca resultó ser mucho más atractiva que su modelo madrileño, por la piedra de color dorado con la se había construido, por sus armónicas proporciones y por estar totalmente cerrada (la de Madrid no lo estaba en aquella época).

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La plaza es un cuadrilátero irregular en el que todos sus lados son diferentes, midiendo 75 metros la más pequeña y 82 metros la más grande, donde está situado el Ayuntamiento. Tiene un total de 88 arcos de medio punto y entre cada uno de ellos se encuentran medallones con efigies de personajes ilustres y dirigentes españoles. Todas las viviendas tienen tres pisos excepto el Ayuntamiento, que tiene dos. Dicho edificio fue proyectado con dos torres sobre sus alas laterales que nunca se construyeron por motivos de seguridad. El proyecto de las torres se utilizó para construir las de la cercana Clerecía.

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En el lado opuesto a la Casa Consistorial se encuentra el Pabellón Real, el primer edificio que se construyó. Ocupa el ala entera de la plaza y cuenta con un enorme arco de acceso a la plaza en cuyas enjutas están esculpidos Felipe V e Isabel de farnesio, los monarcas reinantes en la fecha de construcción de la plaza.

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Todas las ventanas de la plaza están decoradas con pilastras cajeadas y molduras planas en forma de orejeras. Los balcones son muy volados y con barandilla de hierro forjado. Una balaustrada barroca remata los cuatro lados de la plaza, sobre la que se erigen 96 pináculos rematados por la flor de lys, símbolo de la monarquía borbónica.

PLAZA MAYOR DE OCAÑA (1777)

Es una plaza barroca mandada edificar por Carlos III. Es casi cuadrada, mide 55 metros por 52,5 metros y está rodeada por una galería de arcos de medio punto sustentados sobre setenta pilares de sillería almohadillada. Las viviendas que la circundan son de dos pisos más una buhardilla.

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En su lugar hubo otra plaza también porticada pero más irregular y con pilares de madera donde se celebraban importantes festejos taurinos, nombrados en la obra “Peribáñez y el comendador de Ocaña” de Lope de Vega. Bajo las órdenes de Don Francisco Sánchez de Madrid comenzó a construirse la plaza actual, terminándose las fachadas Oeste, Norte y Sur en 1791 y quedando la obra inconclusa hasta 1961, en la que se levantó el ala Este. El resultado de todo es un recinto extremadamente regular y con dimensiones propias de una Plaza Mayor de capital.

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Se construyó en estilo neoclásico con diseño del arquitecto local Justo Antonio de Olaguíbel. Se concibió para unir el Ensanche Nuevo con la Ciudad Vieja y también para dotar a la ciudad de un lugar amplio donde celebrar festejos y mercados. Se levantó en un lugar llamado “El Fondón del Mercado”, dentro de una zono conocida como El Arrabal, donde se celebraban ferias y mercados.

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Su edificación fue complicada ya que tuvieron que realizar costosas labores de explanación debido al fuerte desnivel del lugar. Es una construcción perfectamente cuadrada de 61 metros de lado. El Ayuntamiento ocupa una de las alas de la plaza, destacando con un pórtico de escasa profundidad en el centro de su fachada, rematado por un gran frontón triangular. Todos los edificios circundantes están rematados por una balaustrada. La parte baja de todo el perímetro está formada por una galería de arcos de medio punto con pilastras adosadas.

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Es contigua a la Plaza de la Virgen Blanca, conocida entonces como Plaza Vieja, por lo que se bautizó como Plaza Nueva. Aunque desde entonces ha cambiado de nombre varias veces, y a pesar del nombre actual (Plaza de España), la gente continua llamándola como en sus orígenes: la Plaza Nueva. Sirvió de modelo para la construcción de las posteriores plazas de Donostia y Bilbao.

 PLAZA DEL MERCADO CHICO DE ÁVILA (1793)

Fue construida en el mismo espacio donde se encontraba la vieja Plaza Mayor, que estaba en ruinas. Su diseño es de Juan Antonio Cuervo, Arquitecto Mayor de Madrid por aquel entonces. Está presidida por el edificio del Ayuntamiento, construido en 1839 en estilo isabelino y con fachada de sillares de granito.

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La plaza está rodeada de una galería formada por pilares cuadrados de aspecto muy recio que soportan arcos de medio punto. Tiene una forma casi cuadrada, muy uniforme y armónica a pesar de que uno de sus lados no llegó a cerrarse nunca, ya que allí se encuentra la iglesia de San Juan, a la que se enfrentó sin éxito el consistorio para poder acabar el proyecto. Por eso en aquel lado de la plaza solo se construyó la arcada del soportal, tal como está en la actualidad.

 PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN DE DONOSTIA (1817)

Fue construida por el arquitecto Pedro Manuel de Urgartemendía, un personaje muy activo en la reconstrucción de San Sebastián después del incendio provocado por las tropas anglo-portuguesas que arrasó la ciudad en 1813 en la Guerra de Independencia. Ocupa el lugar de una plaza anterior construida en 1723. Es un espacio rectangular, no excesivamente grande en comparación con los de otras capitales, que mide 62,40 metros de largo por 40,20 metros de ancho. Sus fachadas se componen de 20 arcos iguales en los lados mayores y 9 arcos, iguales a los otros, en el menor. Los arcos son de medio punto y construidos con sillares.

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Los edificios que circundan la plaza tienen tres pisos de altura. Cada esquina se resuelve con un arco cuya luz es igual a la calle que llega a la plaza y sobre el que continua la barandilla del balcón del primer piso, que recorre toda la plaza entera excepto el lado donde se sitúa el edificio del antiguo Ayuntamiento, un edificio muy clasicista, bastante macizo, diseñado en 1832 por Silvestre Pérez.

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Nada más inaugurarse, la Plaza se convirtió en el centro de la vida social de la ciudad y en ella se celebraban las corridas de toros hasta la construcción del nuevo coso taurino. Testimonio de ello son los números que hay en cada una de las ventanas que dan a la plaza y que servían de numeración cuando los balcones eran usados como palcos en las fiestas taurinas.

PLAÇA REIAL DE BARCELONA (1848)

Ocupa el solar donde se levantaba el antiguo convento de Capuchinos de Santa Madrona, derribado en 1835 tras la Desamortización de Mendizábal. Su diseño del arquitecto Francesc Daniel Molina Casamajó fue elegido ganador en un concurso público convocado por el Ayuntamiento de la ciudad.

La plaza imita el estilo neoclásico francés del siglo XVII pero con la planta de la tradicional Plaza Mayor española y está conectada por calles y pasajes al tejido urbano medieval de la Ciutat Vella de Barcelona.  Los edificios de tres plantas poseen fachadas de modelo isabelino, con balcones flanquedos por pilastras de orden corintio sobre la planta una baja porticada. Todo el perímetro superior está rematado por una balustrada.

Los pórticos y las fachadas están decorados con motivos de terracota de inspiración helénica, bustos de navegantes, escudos sostenidos por niños indios y bustos de exploradores americanos, curiosamente en una época en la que España ya había perdido todas sus colonias americanas continentales.

Aunque en el proyecto original figuraba una estatua del rey Fernando el Católico, el centro de la plaza está ocupado por una fuente de la Casa Durenne de París representando a las Tres Gracias, instalada en 1876.

PLAZA NUEVA DE BILBAO (1851)

Es una plaza de estilo neoclásico diseñada por tres arquitectos: Silvestre Pérez, que levantó los planos de la misma en 1821, Antonio de Echevarría, que dirigió la obra entre 1829 y 1832 y Avelino de Goicoechea, que dirigió las obras entre 1840 y 1851, modificando el proyecto original.

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Aunque comenzada en el siglo XIX, el proyecto se fraguó a finales del XVIII, dentro de la corriente ilustrada del momento, pero fuertes trabas administrativas ralentizaron su construcción que tardó más de setenta años en hacerse realidad. La razón de ello fue que tanto la burguesía comercial como la rentista presionaron para que el proyecto no se ejecutase, ya que pensaban que les perjudicaría económicamente.

Para su emplazamiento se eligió un terreno fuertemente degradado llamado Barrio de Zurradores, una marisma inundable en las mareas altas de la ría del Nervión. En ese lugar, la plaza serviría de nexo entre la Ciudad Vieja, el barrio de pescadores de San Nicolás y la playa de la ría.

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Se construyó con piedra arenisca dorada. El cuerpo bajo de la plaza está inspirado en el Teatro Marcelo de Roma, conforme a la las reglas de Vitrubio, algo que gustó mucho a los academicistas de la época. Inicialmente se diseñó com un cuadrado perfecto, pero el proyecto se modificó, siendo actualmente un rectángulo de 18 arcadas en sus lados mayores y 15 en los menores. Las viviendas son de tres plantas con escasa decoración en sus fachadas. Todo un lado de la Plaza está ocupado por el antiguo edificio de la Diputación de Vizcaya, con una fachada muy clásica y monumental, decorada con un pórtico formado por cuatro grandes columnas jónicas rematadas con un frontón, imitando el de la Plaza Nueva de Vitoria.

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El centro de la plaza estaba ajardinado, ya que la idea de plaza-escenario propia de las Plazas Mayores ya había caído en desuso, de echo, la de Bilbao fue la última de las Plazas Mayores españolas.

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