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La escultura gótica en Francia

El fenómeno artístico gótico nació en Ille-de-France, una de las regiones más ricas de la Europa Occidental entre los siglos XII y XIII.

“Alegoría del buen Gobierno” de Ambrogio Lorenzetti (1338-1339).

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Pintura mural ejecutada por Ambrogio Lorenzetti en la Sala della Pace del Palazzo Pubblico de Siena, entre 1338 y 1339. Se enmarca en la pintura gótica italiana del Trescento. Se trata de uno de los ciclos pictóricos profanos más extensos de la Edad Media.

La obra debió ser muy novedosa en su época porque trataba un tema civil, no religioso, algo no muy usual, teniendo en cuenta que entonces la presencia de la iglesia y su poder económico eran indiscutibles, y por lo tanto, casi todos los encargos artísticos provenían de ella.

El mural ocupa una de las salas donde se reunía el gobierno de la ciudad, por lo que todo él es una metáfora política y moral. Se trata de un ideario donde se explica, más o menos, que se debe trabajar por el bien común ya que éste está por encima de cualquier beneficio privado. Forma parte de un conjunto de frescos que ocupa toda la sala que hacen referencia a las consecuencias del buen gobierno, tanto en el campo como en la ciudad y en el que tambíen hay una alegoría del mal gobierno.

En aquella época gobernaba la ciudad el conocido como Governo dei Nove, un tipo de consejo que se mantuvo vigente entre 1287 y 1355, en el que sus miembros, elegidos entre ciudadanos de prestigio, eran renovados periódicamente. Fue una época de gran esplendor cultural y económico para Siena, en el que los Nove actuaban bajo el lema de “Il bene Comune”, de ahí la temática del fresco.

La pintura tiene un fondo completamente neutro, de un color azul que en su momento debió tener un tono mucho más vivo para llamar la atención del espectador. En ese fondo azul se enmarcan una serie de figuras vestidas a la manera cortesana, convirtiendo al mural en un testimonio de como eran las vestimentas de la época, así como algunos muebles, tapicerías y objetos diversos. Estilísticamente destaca la iluminación del fresco, totalmente antinatural, sin sombras y sin focos de luz visibles.

Dominan la escena dos figuras pintadas en un tamaño superior al resto, en una especie de escala jerárquica utilizada desde la antigüedad. A la izquierda la mujer sentada en el trono representa la Justicia con un ángel arriba de su cabeza que es la Sabiduría, aguantando la balanza que la representa, con el bien (de blanco) y el mal (de rojo) en cada uno de los platillos. Debajo mismo de la Justicia, aparece la Concordia, que lleva en la mano una cuerda de la que va cogida una procesión de personajes, que son los consejeros de la ciudad. Hay constancia de que los retratos de cada uno de ellos son fidedignos e individualizados.

Esta procesión mira y se dirige hacia los pies de la otra figura dominante, y la de mayor tamaño de todo el fresco: el Gobernador, que está rodeado de figuras femeninas, alegorías de Virtudes como Paciencia, Prudencia, Templanza, la Magnanimidad, la Seguridad etc… cada una con el objeto, símbolo o actitud que la representa y con su nombre escrito encima de su cabeza. El gobernador también está rodeado de soldados. A sus pies hay un grupo de delincuentes maniatados esperando ser juzgados, seguramente de manera virtuosa e imparcial, que para eso el mandatario está rodeado de tanta virtud.

Hay una gran diferencia entre la serenidad y el orden con el que están representadas las figuras de los consejeros, con un fuerte linealismo vertical y una gran variedad cromática en sus vestiduras, y el desorden con el que se representan los malhechores, sin ningún tipo de linealidad, vestidos todos de colores pardos, mirando a diferentes puntos, algunos de espaldas, inclinados y con las cabezas torcidas.

Vasari dijo de Ambrogio Lorenzetti que era un hombre con costumbres más propias de un filósofo que de un artista y eso se refleja en este fresco. El artista traslada a la pintura su pensamiento, se podría hacer todo un análisis filosófico de la obra a través de multitud de detalles de la misma, así como de los colores, actitudes o la disposición y tamaño de las figuras en la composición. Por ejemplo, vemos que la Justicia está por encima de la Concordia y su tamaño es mayor. Los malhechores están a la izquierda (siniestra) del Gobernador y los consejeros a la derecha,  agarrando la cuerda conjuntamente, en una clara alegoría al trabajo en común, además, esa uniformidad de los consejeros, todos al mismo nivel y del mismo tamaño, podría representar a la Equidad y la Igualdad.

A los pies del gobernador hay una cabeza de un zorro asomando por la ventana de un edificio, lo podría significar que hay que ir con mucho cuidado con la ciudadanía (la masa), porque en cualquier momento puede volverse incontrolable. No hay que olvidar que, a pesar de la delicadeza y la amabilidad del tratamiento de este mural, la época en que se pintó fue muy convulsa e insegura. El Governo dei Nove cambió con los años su manera de administrar el bien común, generando un malestar en la población a caua de la corrupción, el clientelismo y el amiguismo. Con la llegada de la Peste Negra a partir de 1346, el consejo se vió totalmente desbordado e incapaz de controlar la violencia y los desórdenes que azotaron Siena. Hasta que en 1355 una revuelta acabó con el gobierno.

 

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Retablo Mayor de la Cartuja de Miraflores en Burgos (1496-1499)

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Durante el siglo XV, la actividad artística en Castilla se concentró en Toledo y Burgos. En esta última, trabajó el escultor Gil de Siloé, una de las grandes personalidades del gótico en la península. Él fue el artífice, entre otras obras de la misma cartuja, de su  retablo mayor, empezado en el 1496 y acabado el 1499.

Es un retablo novedoso porque se sustituye la tradicional composición en pisos por un sistema geométrico en el que destaca el círculo, lo que produjo en su época cierta controversia. Se se sabe que la obra fue muy famosa, visitándola artistas de muchas procedencias para verla, sin que fuera muy apreciado. Solo hay constancia del impacto que causaba tanto su tamaño como la acumulación y su gran número de figuras, pero al tener una disposición tan contraria a los cánones del momento, causaba más aprensión que admiración. Prueba de ello es que no inspiró a otros retablos. No fue copiado ni en España ni en toda Europa, solo hay uno similar en la iglesia de San Nicolás de Bari de Burgos, realizado en 1505 por Simón de Colonia.

El retablo está organizado en un gran rectángulo que se asemeja a un tapiz, que a su vez está dividido en dos más pequeños por una línea horizontal. En el rectángulo de arriba se sitúa el gran círculo, llamado rueda de ángeles, que es tangente al rectángulo en su parte de arriba y en la de abajo y contiene una Crucifixión que con sus brazos, divide en cuatro cuadrados el interior del círculo, dentro de los cuales se representan escenas de la Pasión. Gil de Siloé debió inspirarse en obras donde el círculo está presente en la composición.  Las ruedas angélicas son bastante abundantes en el arte medieval, tanto en manuscritos, como en tapices o pinturas, incluso en algún retablo del centro o norte de Europa.

Como la rueda está dentro de un rectángulo, en los cuatro vértices que la flanquean se sitúan cuatro círculos más que cobijan imágenes de los evangelistas y en los huecos que quedan a derecha e izquierda del gran círculo, se colocan dos grandes imágenes de San Pedro y San Pablo.

El rectángulo inferior se divide en cuatro calles separadas por cuatro grandes figuras de santos, en dichas calles también hay escenas de la vida de Jesús. Finalmente en los lados inferiores están las estatuas orantes de los reyes Juan II e Isabel de Portugal, los padres de Isabel la Católica.

En el retablo, nada es casual, que todas las figuras están en el lugar que deben estar, cumpliendo una función determinada y siguiendo una jerarquía. Hay todo un programa iconográfico y simbológico en la obra expuesto con total coherencia para un gran conocedor de la religión.

El círculo está formado a su vez por tres círculos de ángeles, el más exterior por ángeles orantes con las manos unidas en señal de oración, el central por ángeles vestidos de dorado que cruzan sus manos sobre el pecho y el más interior, y por tanto el más cercano a la Crucifixión, por ángeles vestidos con ropas de liturgia y las dos manos abiertas, como cuando se bendice el vino y el pan en la Eucaristía.

El retablo fue una obra extremadamente cara. No hay constancia escrita de quien la financió pero con total seguridad fue la misma reina Isabel, que estaba especialmente interesada en el proyecto, ya que el cenobio fue una donación de su padre a la orden cartuja.

Los artífices de la obra se citan en condiciones de igualdad: Gil de Siloé como el escultor y Diego de la Cruz el policromador, porque cuando se trataba de retablos de madera pintados, se consideraba que tanto un artista como otro tenían igual merito y responsabilidad en el resultado. La gran cantidad de oro utilizada en la policromía es lo que encareció el proyecto, mucho más que el tallado.

El conjunto, aparte de su significado religioso, está diseñado para causar una fuerte impresión visual, a pesar de no ser aceptado en su tiempo, es una obra extremadamente espectacular del último gótico que abruma y no deja indiferente a nadie. Es un despliege de imágenes que en un principio dan una sensación de caos, debido a su número y densidad, pero que, con calma, pueden ir interpretándose además de comprobar que, en realidad, todo sigue una rígida geometría.

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