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Palacio del Infantado de Guadalajara

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El Palacio del Infantado de Guadalajara es un edificio de transición del gótico tardío (Isabelino) al Renacimiento, obra del arquitecto Juan Guas, ordenado construir por la poderosa familia Mendoza entre 1480 y alrededor de 1500.

El reinado de los Reyes Católicos en el siglo XV, es un tiempo de cierta indefinición artística en el que conviven varios estilos artísticos diferentes en los reinos de la  península, tanto por separado como entremezclados, según las zonas geográficas o según el uso que se le iba a dar a la obra. Por una parte se mantenían el gótico y el mudéjar y por otra comenzaban a aparecer las nuevas tendencias del Renacimiento provenientes de Italia, basadas en la Antigüedad clásica. Los primeros, muy del gusto de la reina Isabel I, estaban más ligados a la arquitectura oficial y las segundas se introducían a nivel privado por las grandes familias nobles, como una especie de respuesta modernizadora al tipo de estética patrocinado por la monarquía. El Palacio del Infantado de Guadalajara es un edificio de transición del gótico tardío (Isabelino) al Renacimiento, obra del arquitecto Juan Guas, ordenado construir por la poderosa familia Mendoza entre 1480 y alrededor de 1500.

Es entonces también cuando parte de la nobleza comenzó a trasladarse desde sus dominios rurales a las ciudades, convirtiéndose en urbana y mandando construir grandes palacios exentos y ostentosos a los más renombrados arquitectos, que comenzaron a introducir elementos italianizantes y clasicistas en las aún estructuras góticas y mudéjares.

La Casa de Mendoza, originaria de Álava, había ido subiendo puestos en la escala social desde el siglo XIII, convirtiéndose en una de las familias más importantes de Castilla a lo largo del siglo XV. Su miembro más famoso históricamente fue el Cardenal Pedro González de Mendoza (Guadalajara, 1428 – 1495) un personaje tan poderoso que en tiempos de los Reyes Católicos era conocido como “el Tercer Rey”.

En el año 1480, Don Íñigo López de Mendoza (Guadalajara, 1438 – 1500), segundo duque del Infantado y sobrino del cardenal,  contrató al arquitecto bretón Juan Guas (Saint-Pol-de-Léon, Francia, 1430 – Toledo,  1496), uno de los mejores y más prolíficos arquitectos del siglo XV español, para que le construyera un palacio en el solar de las llamadas “Casas Principales” de la familia (donde habían residido desde finales de siglo XIV). Para las esculturas se contrató al tallista Egas Coeman, que se cree que vino a Castilla desde Bruselas, junto con un nutrido grupo de artistas para trabajar en la Catedral de Toledo.

Juan Guas era el Maestro Mayor de las obras encargadas por los Reyes Católicos. Entre otros edificios, construyó para ellos el Monasterio de San Juan de los Reyes, su frustrado panteón real en Toledo. También trabajó en grandes proyectos como la catedral de Segovia, el castillo de Belmonte o el Colegio de San Gregorio de Valladolid, convirtiéndose en el arquitecto de moda de la época y siendo considerado en la actualidad como el principal representante del gótico tardío o de transición al Renacimiento, localizado en el reino de Castilla, también conocido como isabelino.

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La fachada del Palacio del Infantado, fue terminada en 1483. Responde a los esquemas  propuestos por Filarette en su “Trattato d’Architettura” (1465). Como muchas obras de Guas, mezcla elementos góticos (los arcos apuntados), con decoraciones de inspiración mudéjar (las puntas de diamante) y elementos plenamente renacentistas. Al igual que muchos palacios de la época, la fachada se diseñó como el espectacular telón de fondo de una gran plaza en la que tenían lugar ostentosas fiestas y diferentes actos de la familia.

Su puerta principal responde a los modelos tradicionales mudéjares del siglo XIV. Está descentrada a la izquierda, algo usual en las grandes casas urbanas españolas anteriores al Renacimiento, donde la cuestión estética y el equilibrio y simetría de las fachadas no importaba. Está flanqueada por dos grandes columnas cilíndricas y coronada por un enorme escudo de los Mendoza con un hombre salvaje a cada lado en actitud de aguantarlo.

En la línea superior, coronando la fachada hay una galería de ventanales profusamente decorados, donde se alternan dos ventanales con una garita saliente. Aparecen columnillas, capiteles, antepechos y tracerías góticas y mocárabes. La exhuberante y recargada decoración isabelina se debe al entroncamiento de la arquitectura hispánica con la árabe, con elementos flamencos y propuestas tímidamente renacentistas. La galería contrasta con la uniformidad del resto de la fachada, decorada con una malla uniforme de puntas de diamante o cabezas de clavo.

Señalar que en su origen, el palacio tendría un aspecto mucho más gótico que ahora, ya que la fachada estaba estaba rematada por pináculos actualmente desaparecidos y los frontones triangulares de ventanas y balcones no existían.

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El palacio se acabó a finales de siglo XV. Se articula alrededor de un patio central, llamado de “los leones”, de planta rectangular (cinco por siete arcos). Se compone de dos plantas con galerías de arcos conopiales mixtilíneos profusamente decorados y con una estructura muy compleja.

Gótico isabelino Castilla la Mancha

Imágenes:

Wikipedia

www.castillalamanchafilm.com

www.aache.com

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